Autor: Salvador Borrás Sanchis
¿Qué es la tartamudez?
La disfemia o tartamudez es un trastorno del habla de que afecta a personas de todas las edades y que se caracteriza por una serie de disfluencias como son: bloqueos iniciales, repeticiones de sílabas y palabras, alargamientos, pausas inadecuadas, tensión y movimientos bruscos en la musculatura oral y facial, respiración entrecortada, etc., y, además, correlaciona con ansiedad y miedo a hablar.

¿Cuál es la causa de este trastorno del habla?
La etiología o causas de la disfemia son múltiples, hay muchos modelos explicativos, sin embargo, la mayoría de autores coinciden en que hay tres dimensiones básicas sobre las que se mantiene este trastorno. En primer lugar podemos hablar de la predisposición neurobiológica y de la genética, los hijos de personas que tartamudean están más predispuestos a desarrollar este trastorno. En segundo lugar, nombrar los factores psicolingüísticos y de desarrollo del lenguaje que pueden estar también influyendo en el habla. Finalmente, en tercer lugar, considerar las variables conductuales relacionadas con el aprendizaje y la imitación de patrones de habla.

¿Cómo evoluciona la disfemia?
El pronóstico de este trastorno es más positivo en niños que en adultos. La intervención, lo más temprana posible, puede ayudar a que niños que tartamudean lo superen y no desarrollen un trastorno crónico. Cuando un niño empieza a tartamudear es muy importante que todos los agentes educativos actuemos de forma coherente. Es muy importante identificar cuando la disfemia es tan solo un problema evolutivo, debido a que el niño no encuentra las palabras y se engancha un poco, o, por otro lado, cuando el trastorno muestra indicadores de cierta cronicidad, es decir, niños con habla muy bloqueada con repeticiones de muchos elementos y sobretodo con tensión física y orofacial evidentes.

¿Qué tipo de intervención se recomienda?
En cualquier caso, la intervención indirecta, con la familia y el entorno, siempre es necesaria para no reforzar estos comportamientos. Si intentamos ayudar al niño tranquilizándole o diciéndole lo que debe hacer, lo único que conseguimos es hacer evidente un problema que quizá para él no lo era. Lo más importante es “no hacer nada” de manera sistemática, no mostrar ansiedad y estar pendientes de lo que nos quiere decir y no tanto la forma.

A veces, disfemias infantiles y evolutivas que no deberían presentar ninguna consecuencia se convierten en un grave problema cuando el niño es consciente, cuando hay ansiedad, cuando hay burlas, cuando evita comunicarse, en definitiva cuando el niño vivencia su habla como un obstáculo y le genera desadaptación a nivel personal, familiar y social.

La intervención directa la debe hacer el profesional de la logopedia que tenga los conocimientos y la experiencia acordes al tratamiento. Esta intervención debe hacerse pronto cuando el trastorno no es evolutivo y se muestra de manera tangible en el niño. El logopeda es quien valorará cada caso y orientará el tipo de intervención. Muchas veces, debido a la ansiedad y problemas psicológicos paralelos a la tartamudez, se hace necesaria la intervención de un equipo multidisciplinar formado por el logopeda y el psicólogo infantil. El objetivo principal es instaurar patrones alternativos de habla en el niño.

EJERCICIOS INICIALES PARA PREVENIR LA DISFÈMIA INFANTIL:

1. En primer lugar, jugar con el niño, para que se relaje y esté contento.
2. Hacer ejercicios de ritmo con la voz y con sílabas.
3. Cantar canciones sencillas y conocidas vocalizando y sin prisa
4. Jugar a nombrar cosas de casa, dibujos, cosas en general, láminas, etc., es decir, aumentar el vocabulario del alumno.
5. Hacer frases a partir de palabras intercambiando los papeles e interactuando.
6. Jugar a encontrar la palabra u objeto escondido dando pistas.
7. Automatismos: decir números, días de la semana, un poema, trabalenguas.
8. Hablar y contar cosas (una descripción, una narración, o frases a partir de viñetas o imágenes) siguiendo diferentes modelos de habla: rítmica, entonada, lenta, exagerada, etc.
9. Juego de adivinar lo que digo, sin voz, por ejemplo números, animales, trabajando la lectura labial.
10. Contar cuentos sencillos y comentarlos, hacer pequeñas representaciones a modo de teatro para desempeñar roles adecuados.

CONSEJOS PARA LOS MAESTROS Y PARA LA FAMILIA:

1. Saber escuchar al alumno sin darle prisa. Darle tiempo para hablar. Descubriréis que la ansiedad es nuestra esperando que acabe.
2. No interrumpirle cuando hable ni dejar que lo hagan los demás.
3. Valorar más el contenido que la forma, demostrando mucho interés en lo que dice y no tanto en cómo lo dice.
4. Formularle las preguntas una a una y solo las necesarias.
5. Modificar el propio lenguaje por no acelerar y evitar ritmos vertiginosos.
6. Hablarle con frases cortas y con un lenguaje adecuado a su edad.
7. No decirle: “para, vuelve a empezar”, “habla poco a poco”. Este tipo de correcciones aumentan la tensión.
8. Utilizar, simultáneamente la comunicación no verbal: acariciarlo, mirarlo, tocarlo, aceptarle juegos no verbales.
9. El alumno no debe evitar tartamudear. Permitir el tartamudeo cuanto más natural mejor y con la menor tensión. Si evita tartamudear, su autoestima queda influenciada por el problema de comunicación y desencadena actitudes viciosas.
10. No le animéis a que realice ningún artificio para evitar el bloqueo: golpear con los pies, chasquear los dedos, respirar profundo, etc. Eso lleva a “agravar el problema”.
11. Destacar los aspectos valiosos de su personalidad delante de los demás compañeros/as. Darle apoyo y comprensión dentro del aula.
12. Animar a que participe en discusiones y tareas en grupo, de forma cooperativa.
13. No hacer caras extrañas ni demostrar ansiedad ante sus bloqueos.
14. Aceptarlo tal y como es, no está enfermo, ni padece ninguna disfunción cerebral. El bloqueo disminuye cuando se siente aceptado y cómodo.

La tartamudez puede pasar inadvertida a la escuela porque el alumno no fluente no habla o lo hace poco. Tened presente que la tartamudez no afecta la capacidad intelectual de las personas. Que un alumno se muestre disfluente no significa que no esté capacitado para aprender.

Tengamos en cuenta que si no seguimos estas pautas podemos estar reforzando inconscientemente la tartamudez. El problema es frecuentemente evolutivo y tiende a desaparecer solo siguiendo estas recomendaciones.

Ante la duda o en situaciones de gravedad, consultad siempre a los profesionales.

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